Icono Sección

Opinión

¿Creció la clase media... o solo se estiró la estadística?

Balance General

01/05/2026

En los últimos años se ha instalado un discurso cómodo: "la clase media en México está creciendo". La afirmación se repite en informes oficiales, presentaciones políticas y notas optimistas. Pero cuando se rasca un poco la superficie, la pregunta incómoda aparece: ¿ese crecimiento es resultado de una economía más fuerte o simplemente de ajustes temporales en el ingreso de los hogares?

La respuesta, aunque políticamente incorrecta, es clara: no fue el ritmo sostenido de la economía mexicana lo que impulsó a la clase media, sino una combinación de factores coyunturales que difícilmente garantizan estabilidad a largo plazo.

Una economía que no despega.

Si el crecimiento de la clase media fuera consecuencia natural de una economía saludable, deberíamos ver un PIB per cápita robusto, productividad creciente y expansión sostenida del sector formal. Nada de eso ha ocurrido de manera consistente.

México ha crecido poco y de forma errática. Tras el desplome de 2020, vino un rebote técnico entre 2021 y 2023, pero rebotar no es crecer estructuralmente. En 2024 la economía volvió a desacelerarse, confirmando que no existe una trayectoria sólida de expansión. Una clase media que depende de una economía frágil es, por definición, una clase media frágil.

El ingreso subió... pero no por productividad.

Es cierto: el ingreso de muchos hogares aumentó. Sin embargo, el motor no fue una mejora estructural del aparato productivo, sino:

  • aumentos al salario mínimo,
  • mayor ocupación (muchas veces informal),
  • programas sociales,
  • remesas históricamente altas.

Nada de esto es menor, pero tampoco es crecimiento económico genuino. Son mecanismos redistributivos y compensatorios. Funcionan en el corto plazo, pero no sustituyen a la inversión productiva, la innovación ni el crecimiento de la productividad.

El problema es simple: una clase media que depende de transferencias y no de productividad vive siempre al borde del retroceso.

La informalidad: el elefante en la habitación.

Más de la mitad de los trabajadores en México sigue en la informalidad. Esto implica ingresos inestables, ausencia de seguridad social y baja capacidad de ahorro. Llamar "clase media" a hogares que apenas superan el umbral de pobreza por ingreso, pero carecen de protección y patrimonio, es más un ejercicio estadístico que una realidad social.

La informalidad no se combate con discursos ni con transferencias; se combate con crecimiento, inversión, certidumbre jurídica y políticas públicas que premien la formalidad. Nada de eso ha avanzado al ritmo necesario.

¿Clase media o "pobreza mejor vestida"?

El riesgo de esta narrativa optimista es alto: confundir mejora temporal de ingresos con movilidad social real. Una verdadera clase media no solo consume más; ahorra, invierte, educa a sus hijos con expectativas de progreso y construye patrimonio.

Hoy, millones de hogares que fueron "clasificados" como clase media pueden volver a caer ante cualquier choque: inflación, enfermedad, desempleo o recesión. Eso no es consolidación social; es precariedad maquillada.

La verdad incómoda.

México no ha construido una clase media fuerte porque no ha construido una economía fuerte. Mientras el crecimiento dependa más del consumo financiado, de remesas externas y de transferencias públicas que de productividad e inversión, la llamada expansión de la clase media será reversible y vulnerable.

Celebrar sin matices este "crecimiento" no solo es ingenuo: es peligroso, porque posterga las reformas estructurales que realmente podrían darle a México una clase media sólida, autónoma y sostenible.

Porque una cosa es clara: sin crecimiento económico real, la clase media no crece; solo sobrevive.

CPC, LD y MI Gilberto Soto Beltrán

X: @gilsoto70

Facebook: Gilberto Soto

Instagram: gilberto.soto.392


MÁS DE Gilberto Soto