México
Tacos de alacrán: ¿Qué tan nutritivo es comer estos arácnidos en México?
Los alacranes son una fuente importante de minerales como hierro, calcio, zinc y magnesio, esenciales para los huesos y el sistema inmunológico.

Para muchos puede parecer una escena de película de terror, pero para otros es un manjar ancestral. Comer insectos y arácnidos es una tradición en México desde tiempos prehispánicos y, recientemente, los tacos de alacrán han ganado fama no solo por su sabor, sino por ser una "bomba" de nutrientes.
Aunque verlos en el plato impone respeto, quienes ya se atrevieron a probarlos aseguran que su sabor es "suave y poco invasivo".
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¿A qué sabe un alacrán?
Lejos de ser desagradable, su perfil de sabor se describe como una mezcla entre camarón seco, nuez o semillas tostadas, con notas terrosas y saladas.
La clave está en la preparación: generalmente se comen tostados, fritos o deshidratados para que queden crujientes. Al tener un sabor neutro, funcionan perfecto como un ingrediente que absorbe los condimentos, por lo que saben mejor cuando se preparan con sal, chile, ajo o limón.
En estados como Durango, Guerrero y Morelos, es común encontrarlos como botana, como topping (ingrediente extra) para tacos o, incluso, integrados en salsas regionales.
Más proteína que la carne
Más allá de la experiencia exótica, comer alacranes es muy saludable. Estudios señalan que estos arácnidos aportan entre 50 y 70% de proteína, una cantidad comparable o, incluso, superior a la de la carne de res o pollo.
Además, son una fuente importante de minerales como hierro, calcio, zinc y magnesio, esenciales para los huesos y el sistema inmunológico. También son bajos en calorías, si no se fríen en exceso, y contienen grasas saludables.

Cuidado: No cualquiera se come
Los expertos hacen una advertencia importante, puesto que los alacranes para consumo humano deben ser criados y preparados de manera controlada.
El proceso de cocción es vital, ya que elimina cualquier rastro de veneno. Por ello, no se recomienda consumir ejemplares silvestres sin la debida supervisión, pues agarrar uno del patio y comerlo podría representar un peligro grave para la salud.
Finalmente, su producción tiene un bajo impacto ambiental, ya que requieren menos agua y alimento que el ganado tradicional, convirtiéndose en una opción sostenible para el futuro.
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