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Opinión

Inflación "oficial" vs. inflación real: cuando el supermercado desmiente al discurso

Balance General

01/12/2026

Durante 2025, el discurso oficial ha sido consistente: la inflación está controlada. Las cifras del INEGI muestran una inflación anual cercana al 3.7–3.8%, dentro del rango objetivo del Banco de México. Técnicamente correcto. Estadísticamente defendible. Políticamente conveniente.

Pero basta cruzar la puerta del supermercado para que ese número empiece a perder credibilidad social.

La pregunta incómoda —y necesaria— es esta: ¿la inflación que reporta el INEGI refleja realmente el incremento que enfrentan las familias en los productos básicos para comer?

La respuesta corta es: no del todo.

La respuesta honesta es más dura: el indicador es correcto, pero el relato es engañoso.

El problema no es el dato, es lo que se hace con él.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) mide el comportamiento promedio de una canasta amplia que incluye alimentos, sí, pero también renta imputada, servicios financieros, transporte, telecomunicaciones y otros rubros que no pesan igual en todos los hogares.

Para la clase media baja y los hogares vulnerables, el gasto en alimentos representa una proporción mucho mayor del ingreso. Y justo ahí está la grieta.

En 2025, mientras la inflación general rondó el 3.8%, la canasta alimentaria urbana utilizada para medir pobreza creció alrededor de 4.5–4.7% anual. Es decir, los alimentos subieron más que la inflación "oficial". No es percepción. Es estadística pública.

Entonces, cuando una familia escucha que "la inflación está bajando" pero gasta más cada semana para comprar lo mismo, no está equivocada. Está midiendo su realidad con una canasta distinta a la del discurso.

Aquí está el punto central que muchos prefieren ignorar:

La inflación promedio no se come.

Lo que se come es tortilla, huevo, pollo, leche, aceite, frutas y verduras. Y esos precios no se comportan como el promedio nacional.

Además, los alimentos —especialmente los agropecuarios— son volátiles, sensibles al clima, a la logística, a la inseguridad y a los costos energéticos. Todo eso ocurrió en 2025. Pero el promedio suaviza el golpe. El refrigerador no.

El Paquete contra la Inflación y la Carestia (PACIC): es contención mediática, no realidad estructural

El gobierno presume el control de precios de la canasta de 24 productos del PACIC. Sin embargo, ese esquema:

  • No cubre todo el mercado.
  • No aplica en todos los canales de compra.
  • No refleja calidades, presentaciones ni disponibilidad real.

Sirve como ancla política, no como fotografía completa del costo de vida.

Mientras tanto, fuera de las cadenas adheridas, en mercados locales y tiendas de barrio —donde compra gran parte de la población— el ajuste de precios sigue su propio ritmo.

El efecto silencioso: el empobrecimiento por inflación alimentaria

Cuando los alimentos suben más rápido que el ingreso:

  • No se cambia el auto.
  • No se cancela Netflix.
  • Se ajusta la dieta.

Menos proteína, menos frutas, más carbohidrato barato.

Eso no aparece en el INPC, pero sí aparece después en salud, productividad y desigualdad.

Conclusión incómoda

No, el INEGI no miente.

Pero usar la inflación general como sinónimo del costo real de vivir es una forma elegante de minimizar el problema.

En 2025, la inflación alimentaria fue más alta que la inflación promedio, y eso significa que millones de hogares vivieron una inflación más dura que la que se comunica en los boletines oficiales.

Decir que "la inflación está controlada" mientras la canasta básica sigue encareciéndose no es un error técnico.

Es una decisión política de enfoque.

Y cuando la estadística se desconecta de la mesa familiar, el problema ya no es económico: es de credibilidad.

CPC, LD y MI Gilberto Soto Beltrán

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