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Opinión

El superpeso: un espejismo que el gobierno quiere vender como logro.

Balance General

01/19/2026

Durante 2024 y 2025, el gobierno federal ha celebrado —de manera abierta o velada— el fortalecimiento del peso frente al dólar como si se tratara de una medalla económica. El llamado “superpeso” ha sido presentado ante la opinión pública como prueba de estabilidad, confianza y buen manejo macroeconómico. Sin embargo, un análisis serio de los datos revela una verdad incómoda: el peso se fortaleció a pesar del bajo crecimiento económico, no gracias a él.

El fortalecimiento del peso no fue resultado de una economía mexicana más productiva, más dinámica o más competitiva. Por el contrario, se dio en un contexto de desaceleración económica, crecimiento mediocre y señales claras de agotamiento en varios sectores clave. En 2024 el PIB avanzó apenas alrededor de 1%, y en 2025 las proyecciones oficiales y de organismos internacionales confirmaron un crecimiento aún más débil, con trimestres incluso en contracción.

Entonces, ¿por qué se fortaleció el peso?

La respuesta es incómoda para el discurso oficial: por factores financieros y externos, no por mérito estructural del modelo económico.

El principal motor fue el diferencial de tasas de interés. México ofreció rendimientos elevados frente a Estados Unidos, atrayendo capitales especulativos bajo el esquema del carry trade. Es decir, inversionistas que entran no porque confíen en el crecimiento de México, sino porque les conviene el rendimiento de corto plazo. Este tipo de capital no genera empleos, no eleva productividad y, sobre todo, no es leal: entra rápido y sale aún más rápido cuando cambian las condiciones.

A esto se sumaron flujos de dólares que no dependen de la política económica del gobierno: remesas enviadas por mexicanos que trabajan fuera del país —muchas veces porque aquí no encontraron oportunidades suficientes— y exportaciones ligadas a cadenas productivas integradas desde hace décadas. Celebrar estos flujos como logro gubernamental es, cuando menos, una distorsión del mérito real.

Peor aún, el gobierno ha optado por confundir fortaleza cambiaria con fortaleza económica, cuando son cosas muy distintas. Un peso fuerte en una economía débil abarata importaciones, sí, pero también asfixia a exportadores, reduce márgenes, golpea al sector turístico y profundiza la dependencia del consumo importado. El resultado: una economía que no despega, pero con un tipo de cambio que luce “bonito” en los discursos.

El riesgo de este espejismo es alto. El mismo factor que sostuvo al peso puede volverse su talón de Aquiles. Si continúan los recortes de tasas, si se eleva la percepción de riesgo político o fiscal, o si se materializa un entorno internacional adverso, el superpeso puede evaporarse tan rápido como llegó. Y entonces quedará al descubierto lo que hoy se intenta ocultar: la falta de crecimiento sostenido, la debilidad en inversión productiva y la ausencia de una estrategia económica de largo plazo.

El problema no es que el peso esté fuerte. El problema es usar al peso como propaganda, mientras la economía real camina con dificultad. Un tipo de cambio apreciado no paga la cuenta del estancamiento, no sustituye la inversión, ni corrige la falta de confianza institucional.

En economía, los espejismos suelen cobrarse caro. Y el superpeso, más que un logro del gobierno, es una advertencia ignorada.

CPC, LD y MI Gilberto Soto Beltrán

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