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Reset Rage Room: el espacio en Los Mochis donde romper cosas se convierte en una forma de sanar
El proyecto creado por Emily Ibarra propone una experiencia de desahogo emocional en un ambiente seguro, principalmente para mujeres

Romper botellas, golpear televisores viejos o lanzar objetos contra el suelo puede parecer un acto de enojo; sin embargo, en Reset Rage Room se convierte en una experiencia diseñada para liberar emociones, dejar atrás cargas emocionales y comenzar de nuevo.
Este concepto, que nace en Japón a finales de la década de los 2000, comienza a abrirse paso en Los Mochis a través de Emily Ibarra, quien decidió transformar una etapa difícil de su vida en un proyecto que permita a otras personas encontrar un momento de desahogo.

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"Reset nace de una situación vivencial de un 2025 complicado y de la necesidad de tener un espacio para sacar emociones internas", explicó.

El Rage Room es una habitación acondicionada con distintos objetos como botellas, televisiones y artículos electrónicos en desuso, que las personas pueden destruir de manera segura durante una sesión programada. Pero más allá de la adrenalina, el objetivo es ofrecer un espacio donde las emociones fluyan sin filtros.
Aunque muchas personas asocian este tipo de experiencias únicamente con el enojo, la creadora del proyecto aclara que no se trata solo de descargar rabia.

"Puede ser tristeza, frustración, estrés o incluso alegría. A veces simplemente quieres salir de lo ordinario y hacer algo diferente", comentó.
Un espacio pensado para mujeres
La propuesta está especialmente enfocada en mujeres, con la intención de brindar un entorno donde puedan sentirse seguras para expresar emociones que muchas veces se reprimen en la vida cotidiana.

"Mi idea es que sea completamente un espacio seguro para mujeres que quieran sentir, expresar y soltar esas emociones que vamos cargando todos los días", señaló.
Para garantizar la seguridad durante la actividad, antes de entrar al cuarto las visitantes reciben una explicación de las reglas y firman una carta responsiva. Posteriormente se les entrega equipo de protección completo: overol, casco con careta y guantes especiales para amortiguar el impacto.

Una vez dentro, la experiencia se desarrolla en un ambiente controlado acompañado por un playlist musical que guía las emociones durante la sesión, intensificando el momento y después ayudando a cerrar el proceso.
Un ritual para dejar atrás lo que pesa
Antes de comenzar a romper objetos, cada persona recibe una botella blanca y un marcador para escribir aquello que desea dejar atrás: pensamientos, recuerdos o emociones que pesan.

Ese instante, asegura Emily, suele convertirse en uno de los momentos más personales de toda la experiencia.
Tras la sesión, el espacio también ofrece agua y dulces para ayudar a hidratarse y relajarse después de la descarga emocional.

Ubicación secreta para una experiencia libre de juicios
Como parte del concepto, Reset Rage Room mantiene su dirección en reserva. La ubicación se comparte únicamente cuando la persona agenda su cita.
La intención, explica la creadora, es que quienes acudan puedan hacerlo sin sentir que serán juzgadas.

"No quiero que se preocupen por el qué dirán o por si alguien las ve entrar. Quiero que aquí se olviden de todo eso y simplemente fluyan", indicó.
Aunque el Rage Room no sustituye un proceso terapéutico profesional, Emily considera que funciona como un desahogo inmediato que permite a muchas personas salir con una sensación de alivio.

"Siempre es un buen día para volver a empezar. Un día a la vez. Si podemos dejar lo que nos pesa, podemos seguir adelante más ligeras", afirmó.
Quienes deseen vivir la experiencia pueden agendar su cita a través de las redes sociales de Reset Rage Room, donde el contacto se realiza por mensaje directo o vía WhatsApp.

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