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Opinión

La inteligencia artificial ya tiene nombre y apellido

Tecnología y más

03/20/2026

Durante años hablamos de "la inteligencia artificial" como si fuera una nube abstracta que flotara sobre nuestras vidas, lejana y casi de ciencia ficción. Hoy ya no. Hoy la IA tiene nombre, apellido y hasta personalidad. En el teléfono de millones de personas el apellido más famoso es ChatGPT. Y, silenciosamente, empieza a sonar otro: Perplexity.

ChatGPT fue la puerta de entrada masiva: el primer gran "chat" con una máquina que escribía como humano, que contestaba casi cualquier cosa y que, de paso, nos hizo sentir por un momento que la escuela, el trabajo y la creatividad iban a cambiar para siempre. Le podías pedir desde un poema de amor hasta un contrato de arrendamiento, un plan de estudios o el guion de un video para redes. Y respondía. Muy bien, casi siempre.

Perplexity, en cambio, nació con una obsesión distinta: no solo hablar bonito, sino investigar. Mientras ChatGPT se hizo famoso como el escritor universal, Perplexity se posiciona como el amigo que no solo opina, sino que saca la nota, revisa las fuentes y te las pone en la mesa. Su promesa es simple: no te doy solamente una respuesta; te digo de dónde la saqué.

En un mundo saturado de información, esa diferencia importa. A la mayoría nos pasó: buscamos algo en internet, abrimos diez pestañas, nos perdimos entre publicidad y titulares escandalosos, y al final seguimos sin saber en quién confiar. Los nuevos asistentes con IA tratan de resolver precisamente eso: que tú hagas una pregunta en lenguaje natural y recibas una respuesta clara, condensada, sin tener que navegar un laberinto de enlaces. Pero también se abre un reto: ¿cómo confiamos en una respuesta que nos da una máquina?

Ahí es donde Perplexity juega una carta interesante. Su diseño está centrado en mostrar fuentes, enlazar a medios, estudios, páginas oficiales. Es como si el buscador tradicional se hubiera ido a la universidad y regresara convertido en un periodista que cita sus referencias. ChatGPT, por su parte, ha ido sumando capacidad para conectarse a internet y actualizarse, pero su imagen pública sigue asociada a ese "gran cerebro" entrenado con muchos textos, más que a un reportero digital.

Para el usuario común, la diferencia práctica se puede resumir en una frase: ChatGPT es mejor para que la máquina escriba por ti; Perplexity es mejor cuando necesitas que la máquina investigue contigo. Uno es ideal para redactar un correo difícil, mejorar un CV o pedirle que te explique álgebra con ejemplos de béisbol. El otro brilla cuando quieres saber qué está pasando con un tema de actualidad, comparar fuentes y entender quién dice qué sobre un mismo asunto.

Detrás de estas herramientas hay modelos cada vez más potentes, como GPT-5.1, capaces de analizar contextos muy largos, entender matices y ajustar el nivel de "profundidad" del razonamiento según la pregunta. En términos más humanos: ya no se trata solo de que la IA "sepa muchas cosas", sino de que sepa cuándo pensar más despacio, cuándo revisar mejor y cuándo basta con una respuesta rápida.

Pero en medio del entusiasmo conviene hacer una pausa. Ni ChatGPT ni Perplexity son oráculos infalibles. Se equivocan, pueden simplificar en exceso, pueden arrastrar sesgos de los textos con los que fueron entrenados. Corremos el riesgo de pasar de creer ciegamente en lo que leíamos "en internet" a creer ciegamente en lo que nos diga "la inteligencia artificial", sin cuestionar nada. Y eso sería, irónicamente, el uso más poco inteligente de estas herramientas.

La responsabilidad ahora no es solo de las empresas que las desarrollan, sino también nuestra. De profesores que deben enseñar a usarlas como apoyo, no como atajo para hacer trampa. De periodistas que pueden aprovecharlas para investigar más rápido, pero sin renunciar a verificar. De ciudadanos que podemos informarnos mejor, siempre que mantengamos el sano hábito de la duda.

Tal vez la pregunta ya no sea si hay que usar IA, sino cómo la vamos a usar en nuestra vida diaria. Como calculadora, como consejero, como buscador, como coautor. ChatGPT y Perplexity son dos caras de esta nueva era: uno nos muestra el poder de la palabra generada por una máquina; el otro nos recuerda que, incluso en tiempos de algoritmos, las fuentes y la evidencia siguen siendo la base de cualquier buena respuesta.

Al final, lo verdaderamente inteligente no será la herramienta que elijamos, sino la forma en que decidamos convivir con ella. Y ahí, todavía, la última palabra la tenemos nosotros.


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