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Esto hace KFC con la comida que sobra de todas sus tiendas en el mundo

Del excedente al plato solidario: la estrategia global de KFC para evitar que el pollo termine en la basura.

Adriana Ochoa
09/04/26

Esto hace KFC con la comida que sobra de todas sus tiendas en el mundo

En una industria donde la rapidez del servicio y la producción masiva suelen traducirse en toneladas de comida desperdiciada, la cadena de restaurantes KFC ha optado por transformar el problema del excedente en una estrategia de impacto social y ambiental.

Desperdicio:

  • Con más de 27 mil restaurantes en 146 países y ventas globales superiores a los 36 mil millones de dólares en 2025, la empresa enfrenta diariamente un reto logístico: qué hacer con el pollo que no se vende al final de la jornada. La respuesta no siempre termina en el bote de basura.

Desde hace más de dos décadas, la cadena implementa un modelo que combina donaciones, reutilización y estrategias internas para reducir el desperdicio de alimentos.

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El programa que convierte sobrantes en ayuda alimentaria

La pieza central de esta política es el programa Harvest, impulsado desde 1999 por la KFC Foundation en colaboración con la empresa matriz Yum! Brands.

A través de esta iniciativa, el pollo que no se vende durante el día y que aún cumple con los estándares de seguridad alimentaria se dona a bancos de alimentos, comedores comunitarios y organizaciones sociales.

Según datos de la propia compañía, el programa ha permitido entregar más de 92 millones de comidas a alrededor de 4 mil 300 organizaciones sin fines de lucro en distintos países.

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Para hacerlo posible, los alimentos deben cumplir protocolos estrictos de manipulación, refrigeración y transporte. Las donaciones se coordinan con organizaciones locales especializadas en distribución de ayuda alimentaria, lo que facilita que los alimentos lleguen a comunidades vulnerables de manera segura.

Economía circular en la cocina

Cuando la donación no es viable por cuestiones logísticas o regulatorias, el pollo sobrante puede encontrar una segunda vida dentro del propio menú.

En varias sucursales, empleados retiran cuidadosamente la carne de los huesos al final de la jornada y la almacenan bajo condiciones sanitarias adecuadas. Posteriormente se utiliza en preparaciones como el Chicken pot pie, un pastel salado tradicional que permite aprovechar el producto sin alterar la calidad del platillo.

Esta práctica, presente sobre todo en mercados donde el platillo tiene mayor demanda, se considera un ejemplo de economía circular aplicada a la industria de la comida rápida.

Descuentos y consumo interno para evitar desperdicio

En algunas sucursales también se aplican soluciones más inmediatas para reducir el excedente. Trabajadores y exempleados de la cadena han señalado que, poco antes del cierre, algunas tiendas ofrecen cubetas de pollo con descuentos especiales para incentivar su venta.

En otros casos, el excedente puede ser compartido entre el personal del restaurante, siempre bajo la premisa de que tirar comida debe ser la última opción.

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Un problema global de gran escala

La gestión de excedentes alimentarios no es un tema menor. La Food and Agriculture Organization estima que cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos en el mundo, equivalente a casi un tercio de la producción destinada al consumo humano.

Frente a esta realidad, iniciativas como la de KFC buscan demostrar que las empresas pueden desempeñar un papel activo en la reducción del desperdicio alimentario.

Un modelo que otras empresas observan

La estrategia impulsada por la compañía conecta a restaurantes con bancos de alimentos y organizaciones contra el hambre en distintos países. Este modelo, basado en protocolos sanitarios y cooperación con actores locales, es considerado por especialistas como una práctica replicable dentro del sector restaurantero.

Para Trisha Baksh, responsable de marca de una franquicia de la cadena en Trinidad y Tobago, el objetivo va más allá de reducir pérdidas.

"Nuestro programa Harvest encarna la creencia de que la comida tiene el poder de unir, elevar e inspirar el cambio", señaló.

Mientras el debate global sobre el desperdicio alimentario continúa creciendo, la experiencia de KFC plantea una pregunta relevante para la industria: si una cadena con miles de sucursales puede reducir el desperdicio, ¿qué podría lograrse si más empresas siguieran el mismo camino?

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