México
Así inició Sabritas, la famosa empresa botanera repartía papas en bicicleta en la CDMX
Así comenzó la historia de Pedro Marcos Noriega y su esposa Guadalupe, quienes desde su casa en la colonia Morelos iniciaron un negocio que, sin saberlo, cambiaría la industria de las botanas en México.

Mucho antes de convertirse en sinónimo de papas crujientes en cada tienda de México, Sabritas fue un humilde emprendimiento familiar que recorría las calles de la Ciudad de México... en bicicleta.
La escena parece sacada de otra época: una canasta de mimbre, bolsitas de celofán llenas de papas, cacahuates y chicharrones, y un matrimonio decidido a ganarse la vida con sabor.
Así comenzó la historia de Pedro Marcos Noriega y su esposa Guadalupe, quienes desde su casa en la colonia Morelos iniciaron un negocio que, sin saberlo, cambiaría la industria de las botanas en México.
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El origen: sabor casero y distribución artesanal
En los años 40, cuando el consumo de frituras aún era artesanal, la pareja apostó por un modelo simple pero efectivo: productos frescos, empaques prácticos y entrega directa. Las papas acompañadas con limón, sal y salsa se convirtieron rápidamente en las favoritas.
El éxito fue tal que en 1943 fundaron su primera empresa formal: Golosinas y Alimentos Selectos. Lo que inició como una idea doméstica pronto exigió mayor producción, dando paso a una pequeña fábrica.
Un nombre que lo cambió todo
El verdadero giro llegó en 1948, cuando el hijo del matrimonio, Guillermo Noriega, propuso un nombre más atractivo y fácil de recordar: Sabritas, una combinación de "sabrosas" y "fritas".
El cambio no solo modernizó la marca, también sentó las bases de su identidad: cercana, sencilla y profundamente mexicana.
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De negocio familiar a gigante internacional
- Tras la muerte de Pedro Noriega en 1963, Guillermo tomó el control con apenas 28 años.
- Su visión fue clara: expandir la marca más allá de la capital.
Dos años después, el crecimiento llamó la atención de PepsiCo, que buscaba fortalecer su presencia en el mercado de botanas tras su fusión con Frito-Lay.
La negociación no fue menor. Guillermo aceptó la integración, pero bajo condiciones firmes: mantener el nombre, la esencia mexicana y el control cultural de la marca. PepsiCo accedió, marcando el inicio de una nueva era.
El nacimiento de un ícono
En 1966 apareció "Óscar", la icónica carita sonriente que hasta hoy distingue a la marca. Paralelamente, comenzaron a construirse plantas en distintas regiones del país, consolidando una red de producción nacional.
Décadas después, el portafolio creció con productos que hoy son parte de la vida cotidiana, como Cheetos, Doritos y Ruffles.
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Publicidad que marcó generaciones
En los años 80, la marca dio otro salto: conquistar la cultura popular. Campañas memorables con figuras como Luis Miguel y Alejandra Guzmán posicionaron el ya clásico eslogan: "A que no puedes comer solo una".
Más que anuncios, se convirtieron en piezas de identidad colectiva.
Un legado que sigue crujiente
- Hoy, Sabritas forma parte de un gigante global, pero su esencia sigue anclada en aquella bicicleta que recorría calles con bolsitas de celofán.
Su historia no solo habla de crecimiento empresarial, sino de cómo una idea sencilla bien ejecutada puede escalar hasta convertirse en un símbolo nacional.
Porque detrás de cada bolsa que se abre, hay más que una botana: hay décadas de tradición, innovación... y un origen que comenzó rodando entre las calles de la colonia Morelos.
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