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Mexinol y el agua: la evidencia pública detrás de un modelo hídrico que busca reutilizar
Según la información pública de Transition Industries, este modelo impediría que más de 12 millones de toneladas anuales de aguas residuales terminen en la Bahía de Ohuira.

En el debate sobre cualquier proyecto industrial en Sinaloa, el agua suele aparecer como una de las primeras preocupaciones. No es casualidad. En una región donde conviven actividad agrícola, pesca, crecimiento urbano y ecosistemas costeros sensibles, la pregunta sobre el uso del agua no puede tratarse como un detalle técnico.
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Detalles confirmados sobre la estrategia hídrica de Pacífico Mexinol
Por eso, el caso de Pacífico Mexinol en Topolobampo merece una revisión puntual. Más allá de las posturas a favor o en contra del proyecto, la información pública disponible muestra que su estrategia hídrica no está diseñada sobre el uso de agua potable, agua de mar o fuentes naturales de agua dulce, sino sobre un modelo de reutilización de aguas residuales municipales provenientes de Ahome.
El punto central es este: Mexinol firmó un acuerdo plurianual con la Junta de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Ahome, JAPAMA, para utilizar aguas residuales municipales en sus necesidades hídricas industriales.
De acuerdo con el comunicado público del proyecto, la solución fue diseñada para evitar el uso de agua de mar y de fuentes naturales que pudieran competir con necesidades agrícolas, comerciales, industriales o residenciales de agua dulce.
Ese elemento cambia el enfoque de la discusión. La pregunta ya no es únicamente cuánta agua requiere una planta industrial, sino de dónde viene esa agua, qué tratamiento recibe y si su uso representa presión adicional sobre las fuentes que abastecen a la población, al campo o a otras actividades económicas de la región.
La estrategia descrita por la empresa plantea un sistema de circuito cerrado. En términos simples, el proyecto tomaría aguas residuales municipales, las trataría para uso industrial y las reincorporaría al propio esquema de tratamiento, en lugar de descargar aguas al entorno marino.
Según la información pública de Transition Industries, este modelo impediría que más de 12 millones de toneladas anuales de aguas residuales terminen en la Bahía de Ohuira.
En términos ambientales, esta diferencia es relevante. Un sistema de reúso industrial puede reducir la presión sobre fuentes convencionales de agua y, al mismo tiempo, abrir una oportunidad para mejorar la gestión de aguas residuales urbanas.
El planteamiento no descansa en extraer más agua limpia, sino en darle una segunda vida a un recurso que ya fue utilizado por la ciudad y que, con tratamiento adecuado, puede convertirse en insumo industrial.
La alianza con JAPAMA también incluye un componente de infraestructura pública. Medios locales reportaron que el convenio contempla inversión para renovar la planta tratadora de aguas residuales y plantas potabilizadoras del municipio de Ahome.
Medios locales documentaron que el esquema sería descontado en un plazo de hasta 25 años, sin intereses, a partir del pago por la compra de agua residual, iniciando con 400 litros por segundo.
También reportaron que, de acuerdo con el gerente de JAPAMA, el beneficio para la paramunicipal sería la renovación de infraestructura y el avance hacia el cumplimiento de normas mexicanas e internacionales en materia de descarga de aguas residuales.
Impacto ambiental y tecnológico del proyecto en Sinaloa
Incluso, desde una cobertura crítica del convenio, recogió que la justificación del acuerdo incluía renovar infraestructura deteriorada y evitar que contaminantes terminaran en la Bahía de Ohuira.
A esa dimensión local se suma una capa tecnológica internacional. En enero de 2025, Transition Industries anunció un memorando de entendimiento con Veolia, compañía francesa especializada en soluciones de agua, residuos y energía, para desarrollar la estrategia hídrica del proyecto.
Bajo ese acuerdo, la firma diseñaría y equiparía la planta de tratamiento con tecnologías como membranas de ultrafiltración ZeeWeed 500D, ósmosis inversa PROflex y electrodeionización E-Cell. Se trata de procesos utilizados para llevar aguas residuales a estándares de calidad industrial.
De acuerdo con información especializada del sector, esta estrategia convertiría al sitio de Pacífico Mexinol en una de las mayores aplicaciones de reúso industrial de agua a partir de efluentes municipales.
El mismo reporte señala que el modelo evitaría extraer agua dulce y permitiría reducir la descarga de más de 8.5 millones de metros cúbicos anuales de aguas residuales hacia la Bahía de Ohuira.
En noviembre de 2025, Pacífico Mexinol informó además que había concluido un estudio anual de monitoreo de calidad hídrica y datos de referencia. Según esa información, desde finales de 2024 se tomaron muestras en el punto donde las aguas residuales de Los Mochis salen de las lagunas de oxidación administradas por JAPAMA.
Los análisis, realizados por un laboratorio mexicano acreditado, abarcaron más de 60 parámetros, incluyendo pH, metales pesados y sólidos disueltos.
Esto no significa que el proyecto deba quedar exento de revisión pública. Al contrario, una inversión de esta escala debe explicarse con claridad, someterse a evaluación, responder dudas comunitarias y mantener mecanismos de seguimiento verificables.
Pero en el tema del agua, la evidencia pública disponible sí apunta a un diseño que busca reducir presión sobre fuentes de agua dulce, reutilizar aguas residuales municipales y evitar descargas al mar.
También hay que considerar el tipo de estándares e instituciones que rodean al proyecto. La Corporación Financiera Internacional, IFC, miembro del Grupo Banco Mundial, anunció en 2023 un acuerdo con Transition Industries para desarrollar Pacífico Mexinol. En ese anuncio, la institución señaló que el proyecto incluye una
solución hídrica basada en aguas residuales municipales, sin retirar agua ni descargar agua en la bahía cercana. También indicó que la iniciativa se desarrolla bajo estándares ambientales y sociales de desempeño, utilizados en proyectos sometidos a alto escrutinio internacional.
A ese entorno de revisión técnica se suman actores industriales de escala global. Mitsubishi Gas Chemical, compañía japonesa con presencia relevante en la industria química, firmó un acuerdo de compra a largo plazo para adquirir alrededor de un millón de toneladas anuales de metanol de ultra bajas emisiones producido por Pacífico Mexinol.
El acuerdo, sujeto a la decisión final de inversión del proyecto, coloca a la firma japonesa como uno de sus principales compradores internacionales.
La estructura pública del proyecto también registra la participación de Samsung E&A, empresa surcoreana de ingeniería industrial; Techint Engineering and Construction, grupo internacional de ingeniería y construcción; MAIRE Group, NextChem y KT TECH, firmas especializadas en tecnología para procesos industriales; Macquarie Commodities Trading, brazo de materias primas y mercados globales de Macquarie; Bonatti, compañía italiana de infraestructura energética; Siemens Energy, proveedor global de tecnología energética, y CFEnergía, filial de la Comisión Federal de Electricidad, en distintas áreas de infraestructura, comercialización, tecnología y suministro.
La presencia de estos actores no sustituye la obligación de cumplir con la ley ni de atender las preocupaciones sociales. Pero sí ayuda a dimensionar el tipo de proyecto que está en discusión: una inversión sometida a revisión técnica, financiamiento especializado, contratos industriales y estándares internacionales.
En materia hídrica, ese contexto importa porque la propuesta de reúso de aguas residuales no aparece como un elemento accesorio, sino como parte central del diseño del proyecto.
En otras palabras, el debate hídrico sobre Mexinol no debería resolverse con consignas. Si se afirma que el proyecto “afectará el agua”, la discusión pública tendría que explicar con evidencia cómo ocurriría eso frente a un expediente que, por ahora, dice otra cosa: uso de aguas residuales municipales, no uso de agua potable, no uso de agua de mar, sistema de circuito cerrado, tratamiento avanzado, monitoreo de calidad hídrica y mejoras de infraestructura para JAPAMA.
La pregunta pública más útil no es si una planta industrial usa agua, porque toda actividad productiva la requiere. La pregunta correcta es si compite por agua limpia, si presiona fuentes de consumo humano o agrícola, si descarga al mar, si cuenta con tecnología de tratamiento y si existe supervisión suficiente para verificar lo prometido.
En el caso de Pacífico Mexinol, la evidencia pública disponible muestra un modelo hídrico que intenta responder precisamente a esas preocupaciones. Su apuesta consiste en convertir aguas residuales municipales en un insumo industrial, al tiempo que se plantea reducir descargas hacia la bahía y fortalecer infraestructura local de tratamiento.
Para una región como Ahome, donde el agua es parte de la vida productiva, social y ambiental, ese punto no es menor. El desarrollo industrial del futuro solo podrá sostenerse si demuestra que no compite con el agua de la gente ni con la del campo.
Y, al menos en la documentación pública revisada, Mexinol ha construido su argumento hídrico alrededor de esa condición: crecer a partir del reúso, no de la extracción












