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Opinión

El empleo formal se desploma porque la economía dejó de crecer

Balance General

06/15/2026

El Gobierno Federal insiste en vender una narrativa de éxito económico. Desde la conferencia mañanera se presume una baja tasa de desempleo, incrementos históricos al salario mínimo y programas sociales de gran alcance. Sin embargo, cuando se analiza la realidad detrás de los discursos, surge una verdad incómoda: el empleo formal en México atraviesa una de sus etapas más débiles de las últimas décadas.

El problema no es únicamente que se estén generando menos empleos. El verdadero problema es que se están destruyendo las condiciones necesarias para que existan empresas capaces de generarlos.

La economía mexicana ha entrado en una etapa de estancamiento. La inversión privada se encuentra debilitada, la industria manufacturera pierde dinamismo, la construcción muestra signos de agotamiento y la incertidumbre jurídica continúa afectando las decisiones de inversión. Cuando una economía deja de crecer, el primer indicador que refleja el deterioro es precisamente el empleo formal.

Durante años se nos dijo que bastaba con aumentar salarios para mejorar el bienestar de los trabajadores. La realidad económica demuestra que los salarios no se pagan con decretos, sino con productividad, inversión y crecimiento económico. Cuando el crecimiento no existe, los aumentos de costos laborales terminan convirtiéndose en un problema para miles de pequeñas y medianas empresas que operan con márgenes cada vez más reducidos.

Las cifras son contundentes. El número de patrones registrados ante el IMSS acumula una preocupante tendencia negativa. Cada empresa que cierra representa menos oportunidades laborales, menos recaudación tributaria y menos contribuciones a la seguridad social. Detrás de cada registro patronal cancelado existe una historia de inversión perdida, empleos destruidos y familias afectadas.

Mientras tanto, el Gobierno celebra una baja tasa de desempleo sin reconocer que millones de mexicanos han encontrado refugio en la informalidad. La informalidad no es una muestra de fortaleza económica; es el síntoma más evidente de una economía incapaz de generar suficientes empleos formales.

El vendedor ambulante, el comerciante sin seguridad social, el profesionista que trabaja sin prestaciones y el trabajador eventual no aparecen en las estadísticas oficiales como desempleados. Sin embargo, representan una enorme masa laboral que vive sin acceso a servicios médicos, sin ahorro para el retiro y sin protección social.

La pregunta que debemos hacernos es simple: ¿por qué un país que presume estabilidad económica no logra generar empleos formales suficientes para su población?

La respuesta es igualmente simple: porque el crecimiento económico ha sido insuficiente.

Durante los últimos años el Gobierno Federal ha privilegiado una política económica basada en la recaudación y el gasto público, mientras ha descuidado los elementos fundamentales que impulsan la inversión productiva. Se ha fortalecido la capacidad fiscalizadora del Estado, pero se han debilitado los incentivos para invertir. Se han multiplicado las obligaciones para los contribuyentes, pero no las condiciones para producir más riqueza.

La consecuencia está frente a nosotros. Menos empresas. Menos inversión. Menos empleo formal.

La economía no puede sostenerse indefinidamente mediante transferencias gubernamentales. Ningún país ha alcanzado el desarrollo repartiendo riqueza que no se produce. El crecimiento económico surge cuando existen condiciones para emprender, invertir, innovar y generar valor.

México necesita urgentemente una política económica orientada al crecimiento y no únicamente a la recaudación. Necesita seguridad jurídica, certeza regulatoria, infraestructura competitiva, energía suficiente, incentivos a la inversión y una verdadera estrategia para fortalecer al sector productivo.

Porque cuando desaparecen los empleadores, desaparecen también los empleos.

Y cuando desaparecen los empleos formales, la clase media comienza a desaparecer con ellos.

La crisis del empleo formal no es un problema laboral. Es la evidencia más clara del fracaso de una estrategia económica que ha confundido la distribución de la riqueza con la generación de la riqueza.

Y tarde o temprano, la realidad económica termina imponiéndose sobre cualquier discurso político.

CPC, LD y MI Gilberto Soto Beltrán

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