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Opinión

La desaceleración del IVA: el termómetro que desmiente el discurso económico del Gobierno

Balance General

08/03/2026

El Gobierno Federal insiste en presentar la recaudación tributaria como la principal evidencia del éxito de su política económica. Cada informe oficial presume cifras históricas, metas superadas y una administración tributaria cada vez más eficiente. Sin embargo, detrás de ese triunfalismo existe un indicador que comienza a revelar una realidad muy distinta: la desaceleración de la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Aunque el IVA continúa creciendo respecto al año anterior, lo verdaderamente importante no es que aumente, sino la velocidad con la que ha dejado de hacerlo. Durante 2025 la recaudación mostraba un crecimiento real cercano al 12.5%; en 2026 ese avance se redujo a apenas 3.3%.

La diferencia no es un simple dato estadístico. Es una señal de alarma.

El IVA es el impuesto que mejor refleja el comportamiento del consumo interno. Cuando las familias compran menos, cuando las empresas venden menos y cuando la actividad económica pierde fuerza, el IVA inevitablemente comienza a resentirse.

Y precisamente eso es lo que hoy empieza a ocurrir.

El Gobierno recauda más, pero la economía genera menos impulso

El discurso oficial pretende convencer a los mexicanos de que una mayor recaudación significa automáticamente una economía más fuerte.

Nada más alejado de la realidad.

La recaudación puede aumentar por múltiples razones: inflación, fiscalización más agresiva, mayores controles electrónicos, retraso en devoluciones, auditorías masivas o una presión administrativa creciente sobre los contribuyentes cautivos.

Pero ninguna de esas circunstancias significa que exista mayor producción, mayor inversión o un mercado interno más dinámico.

Confundir eficiencia recaudatoria con crecimiento económico constituye uno de los errores más graves de la política económica actual.

Porque mientras el SAT celebra nuevos récords de ingresos, miles de empresas enfrentan una realidad completamente distinta: menores ventas, mayores costos financieros, incertidumbre para invertir, inseguridad, extorsión y un consumidor cada vez más cauteloso.

La desaceleración del IVA refleja el desgaste del consumo

El consumo privado ha sido, durante años, el principal motor de la economía mexicana.

Cuando ese motor comienza a perder potencia, toda la actividad económica empieza a resentir sus efectos.

Las familias mexicanas enfrentan un deterioro constante de su capacidad adquisitiva. El ingreso disponible alcanza para menos, los créditos son más caros, los alimentos absorben una mayor proporción del presupuesto familiar y cada vez resulta más difícil destinar recursos a bienes duraderos, entretenimiento o inversión patrimonial.

La consecuencia es inevitable: el consumo comienza a moderarse.

Y cuando el consumo pierde dinamismo, el IVA deja de crecer con la misma fuerza.

No se necesita esperar una caída absoluta de la recaudación para reconocer que la economía empieza a enfriarse. Los primeros síntomas aparecen precisamente en la desaceleración de impuestos como el IVA.

El modelo económico privilegia la recaudación sobre el crecimiento

Durante los últimos años el Gobierno ha apostado gran parte de su estrategia fiscal a fortalecer la capacidad recaudatoria del SAT.

Nadie cuestiona la importancia de combatir la evasión fiscal.

Lo preocupante es que esa estrategia parece haber sustituido una verdadera política de crecimiento económico.

Mientras otros países compiten por atraer inversión mediante certidumbre jurídica, infraestructura, energía suficiente y estímulos productivos, México continúa enviando señales contradictorias al sector privado.

La inversión permanece contenida, la productividad avanza lentamente, la informalidad laboral aumenta y la inseguridad sigue elevando los costos de operación de miles de empresas.

En lugar de ampliar la base de contribuyentes mediante una economía más grande, el Gobierno parece concentrarse en obtener más recursos de quienes ya cumplen.

Ese modelo tiene un límite.

Y la desaceleración del IVA comienza a mostrar dónde se encuentra.

La realidad termina imponiéndose sobre el discurso

No existe aparato de comunicación gubernamental capaz de modificar el comportamiento del mercado.

Los consumidores no gastan porque un comunicado oficial diga que la economía marcha bien.

Las empresas no invierten porque una conferencia de prensa anuncie cifras históricas de recaudación.

Las decisiones económicas se toman con base en la confianza, la estabilidad y las expectativas de rentabilidad.

Cuando esas condiciones se deterioran, el consumo se enfría.

Y cuando el consumo se enfría, el IVA deja de crecer con la misma intensidad.

Por eso resulta preocupante que el Gobierno insista en presentar cualquier incremento nominal de la recaudación como una prueba irrefutable del éxito económico, ignorando que el ritmo de crecimiento real del IVA se ha reducido de manera significativa.

La política económica necesita corregir el rumbo

Una economía sana no depende de la capacidad del SAT para recaudar más.

Depende de que existan más empresas invirtiendo, más empleos formales, mejores salarios, mayor productividad y consumidores con confianza para gastar.

Mientras esos factores no mejoren, la recaudación terminará reflejando el mismo desgaste que hoy ya comienza a observarse en el IVA.

El verdadero riesgo no consiste únicamente en que la recaudación se desacelere.

El verdadero riesgo es que esa desaceleración sea el preludio de un enfriamiento económico más profundo.

Si el Gobierno continúa privilegiando la recaudación sobre la generación de riqueza; si sigue apostando más por la fiscalización que por la inversión; si mantiene un entorno de incertidumbre para el sector productivo, el país corre el riesgo de entrar en un círculo vicioso: menor consumo, menor inversión, menor crecimiento y, tarde o temprano, menores ingresos públicos.

La historia económica demuestra que ningún país alcanza prosperidad sostenida cobrando más impuestos a una economía que pierde dinamismo.

La riqueza primero se crea.

Después se recauda.

Hoy, la desaceleración del IVA envía un mensaje que el Gobierno parece empeñado en ignorar: la economía mexicana aún se mueve, pero cada vez con menos fuerza. Y cuando el consumo comienza a perder velocidad, ningún discurso oficial puede ocultar por mucho tiempo la realidad.

CPC, LD y MI Gilberto Soto Beltrán

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