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¿Quién es Esteban Landey, "El Héroe de Las Glorias"? Ha salvado a más de 600 personas de morir ahogadas

El voluntario de Protección Civil recibió una llamada de auxilio mientras trabajaba y se lanzó al mar para salvar a un hombre que se ahogaba

Esteban sabe que cada entrada al agua puede convertirse en la última. A pesar de ello, asegura que mientras considere que tiene la capacidad de ayudar, seguirá haciéndolo
Esteban sabe que cada entrada al agua puede convertirse en la última. A pesar de ello, asegura que mientras considere que tiene la capacidad de ayudar, seguirá haciéndolo

Esteban Landey estaba trabajando en Las Glorias; se encontraba podando un jardín cuando recibió una llamada de auxilio: eran sus compañeros de Protección Civil que le pedían ayuda para rescatar a un hombre que se estaba ahogando en el sector del faro y necesitaban que acudiera mientras llegaban los cuerpos de rescate.

Inmediatamente desenganchó el remolque en el que transporta sus herramientas, arrancó la motocicleta y se dirigió al lugar. Cuando llegó, encontró una multitud en la playa y a un bañista que había sido arrastrado cientos de metros mar adentro.

El héroe de Las Glorias

Esteban se quitó la ropa, se quedó únicamente en bóxer y entró al mar.

Elementos de la Marina también ingresaron al agua. Sin embargo, la altura de las olas provocó que, durante la búsqueda, terminaran separándose.

Así comenzó un rescate que se prolongaría alrededor de dos horas y que llevaría al límite al voluntario de Protección Civil de 47 años, que asegura que, a lo largo de su vida, ha salvado a más de 600 personas de morir ahogadas.

La persona en peligro era Eduardo Osorio Vega, de 47 años, originario de La Noria, Guasave, quien había ingresado al mar en el sector del faro de Las Glorias.

Cuando Esteban llegó, calculó que Eduardo se encontraba aproximadamente a medio kilómetro de la orilla.

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"Se metieron junto conmigo unos elementos de la Marina, pero los muchachos se perdieron; nos perdimos entre las olas, nos separamos. Ellos no lo encontraron y yo fui el que lo encontré."

Cuando finalmente alcanzó a Eduardo, ocurrió el momento más crítico, el bañista ya se estaba hundiendo y tuvo que bucear para rescatarlo.

"Cuando yo llegué con él ya estaba perdido. Llegué justamente en el momento exacto cuando se fue a pique. Me tuve que sumergir por él, lo saqué y le di los primeros auxilios dentro del mar", recordó.

No había una lancha junto a ellos. No estaban cerca de tierra. Esteban tenía que intentar reanimarlo; lo abrazaba y le daba primeros auxilios, mientras ambos permanecían en medio del mar.

"Comenzó a vomitar, a vomitar, a vomitar hasta que volvió. Ya de ahí se acalambró y no pudo mover las piernas", comentó.

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Una vez que Eduardo reaccionó, comenzó otra batalla: conseguir regresar a tierra. El bañista estaba acalambrado y, según relató Esteban, es sordomudo, situación que complicó la comunicación entre ambos en un momento en el que cada movimiento era importante.

Desesperado, Eduardo se aferró con fuerza al cuerpo de su rescatista. Esteban todavía conserva en el pecho los rasguños y marcas de aquel momento.

"Primero me agarró muy fuerte y ya después le dije que no, porque me tenía que dejar flotar. Realmente fue muy difícil porque era sordomudo", admitió.

Mientras trataba de mantenerlo a flote, la corriente comenzó a arrastrarlos. Ya no se trataba solamente de sacar a Eduardo; también Esteban tenía que conservar fuerzas suficientes para sobrevivir y regresar a tierra junto con Eduardo.

El voluntario calcula que permaneció alrededor de una hora y media nadando con Eduardo, mientras la corriente los desplazaba hacia la zona de la Isla de Macapule.

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Explicarlo después parece sencillo. Vivirlo fue otra cosa.

"Se dice fácil durar una hora y media nadando. Se dice fácil durar una hora, pero si te pones a correr, corre una hora y media sin parar, a ver si se logra. Yo estoy nadando dentro del mar. Si dejo de nadar, me voy a morir. Entonces estás luchando por tu vida y por la vida de alguien más", relató.

Esteban reconoce que durante otros rescates ha conseguido controlar la desesperación, pero esta vez fue diferente. Los tragos de agua, el cansancio y los calambres comenzaron a pasarle factura después de casi dos horas nadando.

"No está tan pelada. Muchos me dicen: 'Te metes porque te gusta la adrenalina'. Pero los tragos de agua, los calambres, que te ataque la desesperación, es muy diferente. Hoy sí me desesperé mucho", admitió.

Mientras tanto, en tierra pasaba el tiempo y Esteban y Eduardo no aparecían. De acuerdo con el relato del rescatista, se desplegaron embarcaciones para localizarlos y quienes participaban en el operativo llegaron a pensar que ambos habían muerto ahogados, pero para entonces la corriente ya los había llevado hacia otro sector.

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"Habían pasado dos horas; pensaron que ya nos habíamos ahogado porque duramos demasiado tiempo. Había tres embarcaciones que nos andaban buscando, pero nosotros ya estábamos en la isla", indicó.

Esteban considera que nadie imaginó que pudiera recorrer semejante distancia nadando mientras sostenía a otra persona. Pero finalmente consiguió llevar a Eduardo hasta una zona segura.

¿Quién es Esteban Landey?

Detrás del hombre que se lanzó al mar no hay un rescatista que viva exclusivamente de atender emergencias. Esteban Landey tiene 47 años y es voluntario de Protección Civil.

Para mantener a su familia, realiza diferentes trabajos en Las Glorias: es electricista, hace herrería, jardinería y prácticamente cualquier reparación que le soliciten.

Todas las mañanas procura caminar y su trabajo requiere constantemente esfuerzo físico. Esteban considera que esa condición pudo ser determinante para soportar el agotamiento de este último rescate.

Cuando se le pregunta cuántas personas ha rescatado durante su vida, ni siquiera puede establecer una cifra exacta. Protección Civil Guasave estima que la cifra supera las 600 personas, entre niños, niñas y adultos. En algunas ocasiones, incluso, ha tenido que auxiliar a dos personas simultáneamente.

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También carga con los rescates que no tuvieron un final feliz; recuerda, por ejemplo, una emergencia ocurrida aproximadamente tres años atrás durante la madrugada, cuando una pareja estaba en peligro. Logró sacar a la mujer, pero no pudo alcanzar al hombre.

Esteban es padre de una niña de cinco años y admite que en casa le reclaman por exponerse de esa manera. La pregunta que le hacen es sencilla y dolorosa: si un día muere durante un rescate, ¿quién cuidará de su hija?

"Yo sé que voy a morir ahogado. Yo sé que voy a morir en el mar. No porque me atropelle un carro o algo. Yo todo el tiempo sé que voy a morir en el mar", reveló.

Esteban sabe que cada entrada al agua puede convertirse en la última. A pesar de ello, asegura que, mientras considere que tiene la capacidad de ayudar, seguirá haciéndolo.

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Este miércoles, cuando finalmente terminó el rescate de Eduardo, el cuerpo de Esteban comenzó a cobrarle todo el esfuerzo. Tenía calambres, comenzó a vomitar y estaba tan agotado que no podía subir por sí mismo a la motocicleta en la que había llegado.

También tenía arañazos en el pecho provocados por Eduardo, cuando, desesperado, se sujetó con fuerza de él en medio del mar. Pero estaba vivo y Eduardo también. Para Esteban, eso era suficiente.

El final de la historia tuvo además un episodio que Esteban contó entre incredulidad y humor. Cuando llegó a la emergencia, se quitó rápidamente la ropa para entrar al mar. Algunas pertenencias quedaron cerca de su motocicleta.

Mientras él pasaba más de una hora luchando en el agua para salvar a un desconocido, alguien aprovechó para llevarse una bocina JBL y una cachucha que había dejado en el lugar.

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No era la primera vez que algo así le sucedía durante un rescate. Pese a todo, al preguntarle qué recibió a cambio de nadar dos horas, su respuesta fue tajante.

"Es la satisfacción de salvar una vida", puntualizó.

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