Sinaloa | Norte
"Ya no habrá quién nos cobre el pesito": el Mercado Zona 030 llora la partida de La Güera Pesos
María del Carmen Meave Herrera, conocida como La Güera Pesos, dejó una huella imborrable en el Mercado Zona 030, donde su presencia y tradiciones alegraban a comerciantes y clientes.

Las calles del centro de Los Mochis y los pasillos del Mercado Zona 030 ya no serán los mismos. Falta una voz que se escuchaba desde temprano, una tablita que acompañaba sus recorridos y una mujer que, con su peculiar vestimenta, manera de pedir dinero, sus albures y sus ocurrencias, se ganó un lugar en la memoria de cientos de mochitenses: María del Carmen Meave Herrera, mejor conocida como La Güera Pesos.
Su ausencia se siente en los rincones donde durante años cumplió puntualmente con su recorrido. Ahí, entre puestos de chicharrones, churros, aguas frescas y otros comercios, los locatarios recuerdan a La Güera que llegaba a cobrar su cuota diaria, aunque más de una vez el intercambio terminara en carcajadas, alguna grosería o un pequeño regalo que, según la tradición que ella misma había construido, atraía la buena suerte al negocio.

Para muchos, darle un pesito era parte de la rutina; para otros, era una manera de corresponderle el cariño que se había ganado con el paso de los años.
Porque La Güera no solamente pedía, también regalaba albahaca y encontraba la forma de hacerse presente en la jornada de quienes la veían prácticamente todos los días.
Fernando Ochoa, comerciante de chicharrones, recordó que convivía diariamente con ella y que incluso recibía pequeños regalos de su parte. Entre risas y nostalgia, contó que la mujer acostumbraba llevarle albahaca, un gesto que parecía ser su particular manera de devolverle las monedas que él le daba.
Todos los días le daba moneda. Incluso me dejaba albahaca; era como su manera de regresarme. Era bien conocida, todos la conocíamos, todos le dábamos ahí el pesito y, si no, pues nos echaba nuestro albur.
Decía sus groserías y tenía sus ocurrencias, pero así era ella. Ahora nos dejó ese espacio vacío a todos los mochitenses, porque diario, diario pasaba por aquí. Se le va a extrañar, compartió.

Recuerdos y anécdotas de La Güera Pesos
La noticia de su fallecimiento tomó por sorpresa a quienes esperaban volver a verla. Algunos comerciantes sabían que estaba enferma y que llevaba varios días sin aparecer, pero confiaban en que se recuperaría y regresaría a sus recorridos habituales. La ausencia que al principio parecía temporal terminó convirtiéndose en una despedida definitiva.
En el negocio de churros de Sánchez Cota, otro de sus puntos favoritos, Guadalupe Cota recordó que La Güera Pesos llegaba desde muy temprano, incluso antes de que comenzara la venta.
Su visita era casi una cita obligada y, con ella, llegaba también el característico intercambio de bromas que hacía reír a quienes se encontraban detrás del mostrador.
Diario, muy temprano, llegaba; todavía no empezábamos a vender y ya quería dinero. Y pues el clásico, ¿no?, si no le dabas, te decía cosas que no te puedo decir. Pero siempre nos sacaba una sonrisa. Yo diario le daba y no me dejaba de hacer reír.
La vamos a extrañar mucho, porque diario andaba por aquí. Deja un legado bastante grande para todos los de Los Mochis; aquí en el mercado se la llevaba diciendo sus groserías a la gente, pero era parte de ella, de lo que la hacía única, expresó.
En el puesto de aguas frescas de Revis Villa Valdrán, el recuerdo tiene también sabor a albahaca y agua compartida. Durante siete años, el comerciante recibió la visita cotidiana de María del Carmen, quien llegaba alrededor de las siete de la mañana, después de bajar del camión, para comenzar su ronda por los establecimientos.

El locatario contó que, además de darle sus monedas, acostumbraba regalarle un vaso de agua fresca. A cambio, ella le dejaba albahaca, un gesto que con el tiempo se convirtió en parte de la relación que construyeron.
Aunque reconoce que su manera de hablar podía ser fuerte, asegura que quienes convivían con ella aprendieron a entender su carácter sin tomar sus palabras como una ofensa.
Yo tengo siete años aquí y en esos siete años no faltó; todos los días venía. Me decía sus cosas, era muy grosera, pero ya sabíamos cómo era ella y no nos lo tomábamos a mal. Era como una hermana más.
Necesitas tener el corazón de piedra para decir 'me da igual', porque no es así. Yo la voy a extrañar hasta que me muera, porque le tengo cariño a toda la gente que viene a mi negocio y ella era parte de todos nuestros días. Dondequiera que esté, que descanse en paz, manifestó.
La conexión con los comerciantes
Pero quizás uno de los recuerdos más significativos es el de Juanita Íñiguez, comerciante de uno de los puestos ubicados por la calle Zaragoza, quien entre suspiros y sonrisas encontró una manera muy particular de resumir lo que representaba La Güera para ella:
una presencia cotidiana que también se traducía en bromas y hasta nalgadas de confianza.
Ay, sí, aquí sí, ¡cómo voy a extrañarla! Ahora ya no voy a tener quién me nalguee. Ella siempre venía por su cuota diaria, nos llenaba de albahaca y le teníamos que dar de perdida cinco pesos para que nos fuera bien en el puesto;
si no, así nos iba. Nos amenazaba de broma, pero nos hacía reír tanto. Era su manera de convivir con nosotros y ya nos habíamos acostumbrado a verla todos los días, relató.
La comerciante recordó, además, que cuando La Güera Pesos sufrió un desmayo, le llevaron su bolsa al establecimiento para que pudiera recogerla cuando regresara; sin embargo, ese regreso nunca ocurrió.
Tras conocer la noticia de su fallecimiento, Juanita entregó las pertenencias a una amiga de María del Carmen para que llegaran a manos de su familia, un último gesto de consideración hacia alguien que durante años formó parte de su vida diaria.
Cuando se desmayó me trajeron su bolsa para que, cuando regresara, viniera aquí a recogerla. Pero ya nunca vino y en la mañana fui a entregársela a una amiga de ella para que se la diera a su familia. Fue muy triste saber que ya no iba a volver, porque quién no terminó dándole un pesito a la Güera.
Nosotros la veíamos diario, convivíamos con ella y ahora nos hace mucha falta. A su familia le mando un abrazo muy fuerte y mi más sincero pésame, porque si para nosotros es doloroso, imagínese para ellos, comentó.
Entre anécdotas que provocan una sonrisa y palabras que terminan por quebrarse ante la ausencia, los comerciantes del centro y del Mercado Zona 030 despiden a una mujer que hizo de una moneda una forma de acercarse a los demás.
Su paso por los negocios dejó algo más que el recuerdo de sus peticiones, dejó pequeñas tradiciones, bromas que hoy se cuentan con nostalgia y una familiaridad difícil de explicar a quien nunca se cruzó con ella.
Porque en Los Mochis habrá quienes recuerden a La Güera Pesos por sus albures, sus palabras fuertes o aquella costumbre de no irse con las manos vacías.
Pero para quienes la vieron llegar durante años, también será la mujer que les regalaba albahaca, que aceptaba un vaso de agua y que, sin proponérselo, se convirtió en parte de la vida cotidiana de toda una comunidad.
Hoy, los comerciantes saben que ya no escucharán sus pasos ni tendrán que buscar unas monedas por la mañana. Y aunque sus puestos seguirán abriendo y las ventas continuarán, en esos pasillos quedará un espacio imposible de llenar, porque, como coinciden quienes la conocieron, ya no habrá otra igual.












