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Gallinas sin cabeza y tamales con nombres: los extraños hallazgos de un panteonero de Los Mochis
Enrique López lleva más de 25 años trabajando en los cementerios y asegura que le ha tocado encontrar objetos relacionados con presuntos rituales de brujería.

Los cementerios guardan historias que pocas personas conocen, pero para Enrique López, panteonero de Los Mochis, algunas de las más inquietantes no están escritas en las lápidas, sino escondidas entre las tumbas.
Con más de 25 años de experiencia en este oficio, Enrique ha sido testigo de hallazgos que, por sus características, relaciona con presuntos trabajos de brujería: gallinas sin cabeza dentro de bolsas, fotografías en frascos con agua, sangre esparcida entre sepulturas y hasta tamales de elote con nombres de personas.
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Durante su participación en El Persinado Podcast, para el canal de YouTube Víctor Acosta Periodista, compartió estas experiencias en el episodio titulado "El Panteonero de Los Mochis: Trabajos oscuros y sucesos inexplicables en los cementerios", donde habló de los objetos que ha encontrado mientras realiza sus labores cotidianas.

Gallinas sin cabeza y frascos con fotografías entre las tumbas
Entre los hallazgos que más le han llamado la atención se encuentran bolsas que contenían gallinas a las que les habían quitado la cabeza, en el panteón Jardines de la Memoria.
De acuerdo con su relato, lo que le resultaba extraño era que, pese al tiempo transcurrido, los animales no despedían el mal olor que él esperaba encontrar.
"En una tumba había una bolsa con gallinas, pero sin el buchi. Ya tenía tiempo la bolsa, no apestaba, ni los perros se acercaban... junté un chingo de basura y le prendí fuego, se acabó la basura y la bolsa no se quemó", dijo.
Pero esos no han sido los únicos objetos que ha visto en el panteón. También mencionó frascos con agua y fotografías, figuras que describió como monos, así como rastros de sangre esparcidos entre las tumbas.
En otras ocasiones, explicó, ha encontrado residuos de alcohol acomodados en formas que le recordaban a pentagramas o cruces.

Por las características de estos objetos, Enrique López considera que son rituales o prácticas de brujería.
Para él, acostumbrado a trabajar diariamente entre sepulturas, estos descubrimientos forman parte de las situaciones más desconcertantes que le ha tocado enfrentar durante más de dos décadas en el oficio.
Tamales de elote con nombres de personas
Uno de los episodios que relató durante la entrevista ocurrió cuando encontró una bolsa con tamales de elote que tenían pequeños papeles con nombres de personas pegados.
El hallazgo llamó su atención por la manera en que estaban preparados y por los nombres que llevaban escritos.
Lo que volvió todavía más peculiar aquel momento, según contó, fue que ese mismo día tuvieron que sepultar a una persona precisamente en ese lote del cementerio.
La coincidencia quedó entre las experiencias que recuerda de su trabajo.
"En un lote, sacamos una bolsa de tamales, pero cada tamal traía un papel pegado con nombres de personas", comentó.
Le han pedido tierra de tumbas de personas que murieron violentamente
Los objetos abandonados no son las únicas situaciones que han despertado su curiosidad. Enrique también contó que algunas personas se han acercado a pedirle tierra del panteón.
Según explicó, hay quienes solicitan específicamente tierra de sepulturas donde descansan personas que fallecieron de manera trágica o violenta.
Esta petición le ha permitido conocer el interés que existe entre algunas personas por conseguir elementos procedentes de los cementerios para prácticas que asocian con la brujería.

Aunque no siempre puede conocer las intenciones de quienes se acercan a solicitarla, el panteonero identifica este tipo de peticiones como parte de las experiencias poco comunes que ha acumulado durante sus años de servicio.
¿Qué hace cuando encuentra presuntos trabajos de brujería?
Ante estos descubrimientos, Enrique explicó que acostumbra retirar los objetos y quemarlos, según lo relatado en el podcast.
También procura manejar la situación con discreción, especialmente cuando hay familiares de los difuntos cerca, pues busca evitar que se alarmen innecesariamente por lo que pudiera encontrarse alrededor de una tumba.
Su trabajo no se limita a las labores de mantenimiento y atención de los espacios funerarios: también lo ha puesto frente a escenas que, por su naturaleza, despiertan preguntas sobre las intenciones de quienes dejan estos objetos en los cementerios.
Después de más de 25 años como panteonero, Enrique López ha reunido numerosas anécdotas sobre lo que ha visto y desenterrado. Algunas tienen explicaciones que no conoce; otras permanecen en su memoria por lo extrañas que le parecieron.
Sus relatos ofrecen una mirada poco habitual al interior de los cementerios de Los Mochis, donde, además del recuerdo de quienes descansan ahí, ocasionalmente aparecen objetos que alimentan historias sobre rituales, supersticiones y presuntos trabajos de brujería.
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