México
Becas Benito Juárez no las usan los alumnos, padres las destinan para surtir despensa: Coneval
El apoyo representa un respiro para familias cuyos ingresos no alcanzan para cubrir simultáneamente comida, transporte, uniformes, materiales y otros gastos relacionados con la educación.

La beca Benito Juárez, creada para respaldar la permanencia de estudiantes de bajos recursos en las aulas, está cumpliendo una función que va mucho más allá de los gastos escolares: en numerosos hogares, el dinero termina convertido en alimentos para la familia.
La situación fue identificada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), cuya evaluación sobre el Programa de Educación Básica para el Bienestar Benito Juárez advierte que los recursos tienen un efecto positivo, aunque limitado, sobre la permanencia escolar.
En la práctica, el apoyo representa un respiro para familias cuyos ingresos no alcanzan para cubrir simultáneamente comida, transporte, uniformes, materiales y otros gastos relacionados con la educación.
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Beca:
- El destino del dinero revela una de las principales contradicciones del programa.
- Aunque la beca está vinculada a la educación, las necesidades económicas de los hogares son tan amplias que el recurso puede terminar en la despensa antes que en una mochila, unos zapatos escolares o útiles.
Para familias con ingresos reducidos, la prioridad es inmediata: llevar comida a la mesa. Por ello, aunque el apoyo contribuye indirectamente a que los menores continúen estudiando, no necesariamente se traduce en mejores condiciones académicas.
El Coneval encontró que el programa logra reducir ligeramente el abandono escolar, particularmente entre estudiantes de secundaria y en municipios con niveles de marginación bajos. Sin embargo, ese efecto pierde fuerza en las comunidades con mayores carencias, donde existen obstáculos que una transferencia económica por sí sola difícilmente puede resolver.
La distancia entre el hogar y la escuela, la falta de transporte, la necesidad de que algunos jóvenes trabajen y las dificultades económicas de las familias forman una barrera mucho más grande.
A ello se suman problemas para cobrar los apoyos, especialmente en comunidades donde el acceso al Banco del Bienestar, internet o cajeros automáticos es limitado.
Incluso las condiciones de acceso pueden representar un problema adicional para las comunidades indígenas, debido a que algunos cajeros no cuentan con atención en lenguas indígenas, lo que dificulta todavía más el proceso para recibir el recurso.
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Otro de los hallazgos que pone bajo la lupa al programa es la distribución territorial de las becas. Aunque 32 por ciento de los municipios beneficiados presenta grados de marginación alto o muy alto, más de la mitad de las becas se concentra en municipios con baja marginación.
Esto significa que el apoyo no necesariamente está llegando con mayor intensidad a los lugares donde las necesidades económicas son más profundas.
- Los datos sobre cobertura también muestran un retroceso. Entre los estudiantes de 3 a 29 años que se encontraban en situación de pobreza, el porcentaje que recibía una beca pasó de 28.2 por ciento en 2016 a 22.7 por ciento en 2020.
Para 2022 hubo una recuperación hasta 25.9 por ciento, pero sin regresar al nivel registrado años atrás.
El problema, entonces, no parece ser únicamente cuánto dinero reciben las familias, sino qué tan lejos puede llegar ese dinero frente al costo real de mantener a un estudiante en la escuela.
En hogares con varios hijos, la situación puede ser todavía más complicada, debido a que el esquema contempla una beca por familia. Cuando existen tres o más menores estudiando y los ingresos se encuentran por debajo del salario mínimo, el apoyo puede convertirse en un recurso indispensable, pero sigue siendo insuficiente.
El propio Coneval plantea que la beca debe complementarse con otras medidas: tutorías, acompañamiento escolar, apoyos de manutención y alternativas de transporte gratuito o de bajo costo para estudiantes que viven lejos de sus centros educativos.
La conclusión resulta contundente: la beca ayuda, pero no alcanza para resolver por sí sola las causas que mantienen a miles de estudiantes en condiciones de vulnerabilidad.
Cuando el dinero destinado a favorecer la educación termina comprando alimentos, no necesariamente significa que las familias estén utilizando mal el apoyo; puede ser, precisamente, una señal de que la pobreza obliga a elegir entre una necesidad y otra.
Así, la beca Benito Juárez termina revelando una realidad incómoda: para muchas familias mexicanas, antes de comprar un cuaderno, hay que llenar el refrigerador.
Y mientras esa brecha permanezca, el apoyo puede evitar que algunos estudiantes abandonen la escuela, pero difícilmente podrá garantizar por sí solo que tengan las condiciones necesarias para aprender y permanecer en ella.
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