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¿Por qué los perros comen pasto? Estas señales indican cuándo debes llevarlo al veterinario

¿Tu perro come pasto? No siempre está enfermo, pero estas señales podrían ser una alerta, sigue los pasos.

Adriana Ochoa
08/09/26

FOTO: Luz Noticias.
FOTO: Luz Noticias.

Si alguna vez has visto a tu perro detenerse durante el paseo para arrancar algunas hojas de pasto y comerlas con aparente tranquilidad, probablemente te hayas preguntado si se trata de una señal de enfermedad.

Aunque durante años se ha relacionado este comportamiento con problemas estomacales o con el supuesto deseo del animal de provocarse el vómito, la realidad es mucho más compleja.

  • Comer pasto es una conducta relativamente común entre los perros y, por sí sola, no significa necesariamente que exista un problema de salud.

De acuerdo con información veterinaria del American Kennel Club y VCA Animal Hospitals, algunos perros pueden consumir hierba simplemente porque disfrutan su sabor o textura, mientras que otros podrían buscar una fuente adicional de fibra o responder a comportamientos naturales relacionados con la alimentación.

Por eso, encontrar a un perro mordisqueando pasto ocasionalmente no debería provocar alarma inmediata. Lo importante está en observar qué ocurre antes y después de que lo haga, así como la frecuencia con la que repite esta conducta.

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Cuando comer pasto sí puede ser una señal de alerta

El escenario cambia cuando el consumo de hierba aparece acompañado de otros síntomas. Vómitos repetidos, diarrea, falta de apetito, decaimiento, incomodidad o cambios repentinos en el comportamiento son señales que requieren mayor atención.

Un perro con malestar gastrointestinal puede mostrar varios de estos signos al mismo tiempo. En algunos casos puede presentar gastroenteritis, una condición que puede provocar vómitos y diarrea. El vómito incluso puede contener bilis amarillenta cuando el estómago permanece vacío.

Por ello, no es correcto concluir que un perro está enfermo únicamente porque come pasto. Lo que debe preocupar es la combinación de síntomas y, especialmente, que estos sean persistentes o empeoren.

También existen riesgos relacionados con el lugar donde el animal consume la hierba. Un jardín aparentemente inofensivo puede haber sido tratado con fertilizantes, herbicidas u otros productos químicos que podrían provocar intoxicaciones o malestares digestivos. Además, al ingerir pasto, un perro puede exponerse a parásitos intestinales.

¿Cuánto pasto es demasiado?

La cantidad y la frecuencia también son importantes. No es lo mismo que un perro muerda ocasionalmente algunas hojas durante un paseo a que comience a consumir grandes cantidades de hierba de manera insistente.

Si el animal se encuentra activo, come y bebe con normalidad y no presenta otros síntomas, generalmente lo recomendable es vigilarlo y evitar que tenga acceso a césped tratado con productos químicos.

En cambio, si aparecen vómitos repetidos, diarrea persistente, sangre en las heces, falta de apetito, letargo, evidente incomodidad o cambios importantes de comportamiento, lo más prudente es acudir al veterinario.

El aburrimiento también puede influir en algunas conductas repetitivas. Si el perro pasa demasiado tiempo sin actividad física o estimulación, aumentar los paseos, el juego, la interacción y el entrenamiento mediante refuerzo positivo puede ayudar a disminuir comportamientos asociados al aburrimiento.

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La regla 3-3-3 no tiene que ver con comer pasto

  • Otro concepto que suele aparecer entre las recomendaciones para propietarios de perros es la llamada regla 3-3-3.
  • Sin embargo, esta no tiene relación con la alimentación ni con los problemas digestivos.

La regla se utiliza como una referencia para explicar la adaptación de un perro recién adoptado. Durante los primeros tres días puede sentirse confundido, nervioso o abrumado ante un nuevo ambiente.

Después, durante las primeras tres semanas, comienza a conocer las rutinas, espacios y personas de su nuevo hogar. Finalmente, los primeros tres meses representan un periodo más amplio para desarrollar confianza y establecer vínculos.

Pero no se trata de una fórmula exacta. Cada perro tiene su propio ritmo de adaptación y algunos pueden sentirse cómodos rápidamente, mientras otros necesitan más tiempo.

En conclusión, comer pasto no es automáticamente una señal de enfermedad. El comportamiento debe analizarse junto con el estado general del animal. Si solo mordisquea hierba ocasionalmente y continúa comportándose con normalidad, no necesariamente existe motivo para alarmarse.

Pero si el consumo se vuelve excesivo o aparece acompañado de vómitos, diarrea, falta de apetito, decaimiento u otros cambios, la mejor decisión es consultar con un profesional veterinario.

La clave está en no quedarse únicamente con la creencia popular de que "come pasto porque le duele el estómago", sino observar al perro como un todo y detectar cualquier cambio que pueda indicar que algo no está bien.

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