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¿Cómo renunciar a la ciudadanía estadounidense y cuáles son las consecuencias?
El debate sobre la doble nacionalidad en la política mexicana pone la lupa en el complejo y costoso proceso de renunciar a la ciudadanía estadounidense

La discusión sobre la doble nacionalidad en la política mexicana, impulsada por la postura sobre cargos públicos y la nacionalidad única, puso bajo la lupa un trámite tan complejo como definitivo: renunciar a la ciudadanía estadounidense.
Aunque figuras públicas como Jasmine Bugarín hayan mencionado gestiones ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la realidad es que el proceso real se lleva a cabo directamente con el gobierno de Estados Unidos y está lejos de ser un simple trámite de un día para otro.

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Los candados de la Embajada de Estados Unidos
Iniciar este camino no es para cualquiera. Bajo los lineamientos de la Sección 349(a)(5) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad (INA), la Embajada exige cumplir con filtros muy específicos: tener al menos 18 años, dominar el inglés, no tener discapacidades intelectuales ni contar con un tutor legal.
A esto se suma un requisito financiero pesado: el trámite exige el pago de una tarifa no reembolsable de 2,350 dólares al momento de la cita, además de entregar una carpeta robusta con formatos como el DS-4080 y pruebas de identidad.

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Un proceso largo, incierto y sin boleto de regreso
Los especialistas advierten que el gobierno estadounidense no regala nada. El Departamento de Estado revisa cada caso con lupa, por lo que el proceso suele demorar entre seis meses y un año completo, sin la garantía de que la solicitud sea aprobada.
Lo más delicado es que, una vez que el gobierno norteamericano otorga la renuncia, es totalmente irreversible.
Quien da el paso pierde de tajo todos los derechos de la ciudadanía y, para volver a pisar suelo estadounidense por turismo, trabajo o para ver a la familia, tendrá que formarse y tramitar una visa como cualquier extranjero.

El golpe al bolsillo: el fisco y el "exit tax"
Para los bolsillos más pesados, el verdadero dolor de cabeza ocurre con el Servicio de Impuestos Internos (IRS). Antes de recibir el visto bueno, hay que ponerse al corriente con un historial de declaraciones de los últimos cinco años y los reportes FBAR de los seis años previos.
Si la persona cuenta con un patrimonio considerable, se activa el temido exit tax o impuesto de salida, y el ciclo fiscal no se cierra oficialmente hasta enviar el formulario 8854.
Mientras los reflectores políticos en México siguen debatidos sobre cómo los aspirantes a cargos públicos comprobarán su única nacionalidad, el mostrador consular deja una lección clara: deshacerse del pasaporte americano es un camino caro, lleno de burocracia y de un solo viaje.
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